Déjalo, déjalo

Publicado: octubre 18, 2010 en Cuento, Estilo de vida

por:  Andrea, 12 años.

Había una vez una señora muy trabajadora, siempre se la pasaba tejiendo para vender los bordados que hacía en el tianguis. Sus hijos eran muy pero muy traviesos. Cada que ellos hacían una travesura, ella decía: déjalo, déjalo, y con su déjalo no pasaba.

Una vez cuando su hijo el más grande se casó, ella le dijo a su comadre: déjalo comadre, no va a regresar, ya lo hizo, qué le vamos hacer.

Luego, tenía dos pollos que ella quería mucho. Los cuidó por mucho tiempo, eran los animales que más quería y se le murieron. Y le dijo a sus hijos que va a ser de mi sin mis pollos, a quién le voy a dar de comer. Bueno, les regalaré la comida a los que tienen pollos, ya hay que dejarlo, le decía a sus hijos. Ya no van a regresar, ya se murieron. Y lloraba y lloraba por sus pollos.

Su comadre le dijo a otras comadres: vamos a regalarle otros pollos para que vuelva a sonreír y fueron a comprarle cinco pollos. Y de ahí volvió a sonreír la pobre señora que tanto sufrió.

Al último, la señora ya estaba enferma se estaba muriendo y le decía su comadre: ya vamos a llevarla al hospital. Y ella dijo, ya no, déjame comadre, ya no voy a regresar.

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